Posteado por: lpadillakeen | 3 marzo, 2010

REFLEXIONES DE HOY

LA ENVIDIA

Podemos vivir una vida impecable, e incluso ir a la iglesia a menudo, representar ser muy buenos a los demás, pero si examinamos nuestra conciencia, ¿pasaríamos ese examen?

La envidia es algo que nos come dentro pero muy dentro, pues es algo que se acumula, que se va guardando, muchas veces sin que nos demos cuenta de ello. San Marcos 7: 20 nos recuerda lo que Jesús dijo: “lo que hace impura a una persona es lo que sale de su corazón”, en pocas palabras enferma al corazón.

¿Qué es la envidia? El Diccionario de la Real Academia Española lo expresa así: Emulación, deseo de algo que no se posee.  El diccionario de Google así: sentimiento de disgusto que experimenta una persona que desea lo que otra posee o sentimiento de tristeza o irritación producido en una persona por el deseo de la felicidad o alguna cosa de otra persona.

En la Biblia hay muchos ejemplos de envidia, uno de ellos lo encontramos en Génesis: Raquel, por ser estéril, tuvo envidia de su hermana Lia, ya que esta era madre de muchos hijos (Génesis 30:1; Cf. Génesis 29:31-35).   Los hermanos de José le tuvieron envidia a causa de sus sueños y por ser el favorito de su Padre (Génesis 37:1-11).

Esto pasa en todas las familias, porque somos humanos, y como tales actuamos de una manera envidiosa, pero eso lo podemos controlar, si, como todo pecado, es controlable.  La envidia nos hace sentirnos mal, nos hace miserables y nos previene la felicidad. 

Leí este cuento una vez: un águila, que tenía envidia de otra que podía volar mucho mejor que ella. Un día el águila vió a un cazador con arco y flecha y le dijo, “Deseo que mates a esa águila volando en el aire”. El cazador dijo que podía hacerlo, solo que necesitaba unas plumas para su flecha. Así que el águila envidiosa sacó una de sus plumas de un ala. El cazador lanzó la flecha pero no pudo alcanzar la otra águila porque andaba volando demasiado alto. El águila sacó otra pluma, y luego otra…hasta que había perdido tantas plumas que ella misma ya no pudo volar. El arquero tomó ventaja de la situación, dió la media vuelta y mató al águila envidiosa.  Aplicando la ilustración el predicador dijo, “Si tú tienes envidia de otros, el que será más dañado por tus acciones serás tú mismo”.

El amor es el remedio. La envidia nace del odio (Ezequiel 35:11; Tito 3:3) y se cura con el amor – “El amor no envidia” (I Cor. 13:4). Una madre nunca tiene envidia por los éxitos de sus hijos. .¿Por qué? ¡Porque los ama! Un hermano(a) no tiene envidia o celos de sus hermanos(as) por la misma razón, ¡por amor!. Asi pues, nosotros debemos llenar nuestro corazón de amor para no envidiar a nuestro prójimo.

La envidia: el sentimiento de tristeza o irritación producido en una persona por el deseo de la felicidad o alguna cosa de otra persona, examinemos nuestra conciencia, ¿Qué sentimientos guardamos en nuestros corazones?

¿A quién envidiamos? Pueden ser miembros de nuestra familia, amigos muy allegados, personas con las cuales trabajamos…

¿Por qué los envidiamos? Puede ser que hayan llegado a tener más dinero, más posesiones, más hijos, o puede ser que la envidia sea porque tienen a alguien que nosotros teníamos antes…

En nuestra mente la pérdida de un miembro de la familia no tiene que ser a través de la muerte, en nuestros corazones puede ser porque vemos la separación a través del matrimonio, o de un viaje, o la persona se mudó a otro país como una pérdida y siempre tenemos que poner la culpabilidad en alguien, quizás la persona que nosotros creemos es la razón por la cual ese miembro de la familia se mudó a Paris, o con la cual casó .  ¿Estamos haciendo esto?  Eso es algo que tenemos que examinar en nuestra mente y nuestro corazón, tenemos que buscar la raíz de nuestros sentimientos, para así poder buscar el remedio y curar esta enfermedad.

El remedio para curar esta enfermedad es: el amor.  Pues el amor no es envidioso, así nos dice San Pablo en 1 Corintios 13: 4-8.  Pero primero tenemos que identificar a la persona, el por qué sentimos envidia hacia ella y luego tomar la decisión de cambiar.  En la mayoría de las circunstancias la otra persona ni siquiera se imagina que estamos celosos de ella, así que la solución de todo esto está en nosotros, y nadie más, no tenemos que perdonar a nadie sino a nosotros mismos, y decidir vivir una vida más sana y llena de amor.

Nuestras vidas son complicadas por naturaleza, ¿no es mejor vivirlas sin envidia, sin celos?

Dios Padre, hoy te pido una vez más que abras mi corazón al amor, que descartes todo pensamiento que tenga de celos y envidia hacia esa persona que me está causando pecar contra Ti.  No permitas que no sea feliz con mi familia, con mis amigos, con mis compañeros de clase, con mis compañeros de trabajo porque tengo celos de ellos.  Te lo pido a través de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.


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