Posteado por: lpadillakeen | 5 abril, 2010

REFLEXIONES DE HOY

Evangelio según San Mateo 28,8-15.

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.  De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: “Alégrense”. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.  Y Jesús les dijo: “No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.  Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’.

Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”.  Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Es en San Marcos 16:1 “Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo.” Que se nos revela el nombre de “las mujeres”.  ¡Ah, María Magdalena!

Las mujeres, siempre estamos contribuyendo, así como mi mismo Pastor lo mencionó el domingo en Misa, y le pidió a los hombres que se unieran a nosotros.  Pero es por eso que siempre tenemos que tener cuidado con quien nos reunimos, mi mamá siempre decía ‘dime con quién andas y te diré quién eres’, eso le pasó a María Magdalena.

Las Escrituras no dicen que María Magdalena era una pecadora, una prostituta, pero cuando pensamos en ella…eso es lo que viene a mente. ¿Por qué?

  • El evangelio de Lucas 8: 2 nos dice que entre las mujeres que seguían a Jesús y le asistían con sus bienes estaba María Magdalena, es decir, una mujer llamada María, que era natural de Migdal Nunayah, en griego Tariquea, una pequeña población cerca del lago de Galilea, a 5,5 km al norte de Tiberias.
  • En el mismo capítulo nos dice que Jesús le expulsó siete demonios (Lc 8,2; Mc 16,9).
  • El evangelio de Marcos la menciona como la primera de un grupo de mujeres que contemplaron de lejos la crucifixión de Jesús (Mc 15,40-41).
  • El evangelio de Mateo las mencionan como las mujeres que se quedaron sentadas frente al sepulcro (Mt 27,61) y Marcos nos dice que permanecieron allí mientras sepultaban a Jesús (Mc 15,47).
  • El evangelio de Marcos nos dice que en la madrugada del día después del sábado María Magdalena y otras mujeres regresaron al sepulcro a ungir el cuerpo con los aromas que habían comprado (Mc 16,1-7); es cuando un ángel se dirige a ellas y les dice que Jesús ha resucitado y les encomienda comunicarlo a los discípulos (cf. Mc 16,1-7).

 

Estos son los recuentos de los evangelios sinópticos, llamados así pues ‘se parecen’ o sea que indica que los contenidos de estos tres evangelios pueden ser dispuestos para ser “vistos juntos”, bien en columnas verticales paralelas, bien en sentido horizontal, son comparables.

Ahora, el evangelio de Juan nos dice:

  • María Magdalena está junto a la Virgen María al pie de la cruz (Jn 19,25).
  • Después del sábado, cuando todavía era de noche se acerca al sepulcro, ve que han removido la piedra e informa a Pedro, creyendo que alguien había robado el cuerpo de Jesús (Jn 20,1-2).
  • De vuelta al sepulcro continua llorando y se encuentra con Jesús resucitado, quien le encarga anunciar a los discípulos su vuelta al Padre (Jn 20,11-18). Esa es su gloria.

 

Ahora el por qué:

Comenzando en los siglos VI y VII, en la Iglesia Latina se tendió a identificar a María Magdalena con la mujer pecadora que, en Galilea, en casa de Simón el fariseo, ungió los pies de Jesús con sus lágrimas (Lc 7,36-50).  

Además, algunos Padres y escritores eclesiásticos, hermanando los evangelios, identificaron ya a esta mujer pecadora con María, la hermana de Lázaro, que, en Betania, unge con un perfume la cabeza de Jesús (Jn 12,1-11; Mateo y Marcos, en el pasaje paralelo no mencionan a María de nombre, sino que dicen que fue una mujer y que ungió a Jesús en casa de Simón el leproso (Mt 26,6-13 y par).  Como consecuencia, y mayormente debido a San Gregorio Magno, en Occidente creció la idea de que las tres mujeres eran la misma persona.  

  • Sin embargo, los datos evangélicos no sugieren que haya que identificar a María Magdalena con María, la que le unge a Jesús en Betania, pues parece que ésta es la hermana de Lázaro (Jn 12,2-3).
  • Tampoco permiten deducir que sea la misma que la pecadora que según Lc 7,36-49 ungió a Jesús, aunque entendemos que la identificación es comprensible debido a que Lucas, rápidamente después del relato en que Jesús perdona a esta mujer, remarca que le asistían algunas mujeres, entre ellas María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios (Lc 8,2).
  • Así mismo, Jesús alaba el amor de la mujer pecadora: “Le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho” (Lc 7,47)
  • También observamos un gran amor en el encuentro de María con Jesús después de la resurrección (Jn 20,14-18).

 

Aún cuando se tratara de la misma mujer, su pasado pecador no es una vergüenza. Pedro fue infiel a Jesús y Pablo un perseguidor de los cristianos y eso no nos impide el ver su valor moral y valorar sus aportes.  La grandeza de María Magdalena es su amor, más aun, su amor por Jesús, el cual debemos usar como modelo en nuestras vidas diarias.

Todo esto debido a dos palabritas ‘las mujeres’… pero hay que aclarar esta situación pues no todos somos incrédulos, no todos buscamos y rebuscamos la verdad.  De la misma manera hoy, especialmente a través de los medios de comunicación, podemos fácilmente arruinar el nombre de una persona.  Tengamos esto presente la próxima vez que leamos algo acerca del Papa, de los Obispos, de otras personas, no queriendo decir que algunos no sean culpables, pero tenemos que indagar, tenemos que investigar profundamente antes de juzgar.

Señor Jesús, dame suficiente amor para actuar como María, tu madre, como María Magdalena, que veía por ti, como María la que te ungió los pies, como la que te ungió el pelo, dame paciencia, inteligencia y valor para poder ser como ellas.


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