Posteado por: lpadillakeen | 13 abril, 2010

REFLEXIONES DE HOY

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-37.

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.  Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.  Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.  Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

¿Cómo sería este mundo si todos tuviéramos un solo corazón y una sola alma? 

Sería como estar en el paraíso, pues no tendríamos que preocuparnos de nada.  Pero la realidad es otra, como seres humanos tenemos todos los defectos y cualidades que nos podamos imaginar pero aún así Dios nos ama.

Tenemos que seguir el ejemplo de Bernabé y poner a disposición de la iglesia lo que es de la iglesia.  Hoy hay tantas cosas que nos impiden hacer esto, pues siempre buscamos excusas, que si la iglesia tiene mucho, que si los curas pasean demasiado, que si hay muchos desastres y abusos en la iglesia que los están cubriendo, excusas, excusas.

En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios 16: 2 dice: “Cada domingo, cada uno de ustedes ponga aparte lo que pueda, y no esperen a que yo llegue para recoger las limosnas.” Y en Proverbios 3: 9 nos dicen: “Haz tu ofrenda a Yavé, tomando de tus bienes los primeros frutos de tus cosechas”. 

Ahí está, hay que dar sin preguntar ¿para donde va? ¿Qué van a hacer con eso? ¿Cómo lo van a usar?, ¿se lo darán a los pobres?  En el momento en que lo damos, lo tenemos que dar de corazón, sin dudas, sin preguntas, sin debilidades.  Esto es lo primero que tenemos que hacer, pues luego viene lo que damos personalmente, sin que la mano derecha sepa lo que la izquierda hace, dar a los pobres, ayudar a nuestras familias, etc.

El tener dinero y propiedades es un regalo de Dios, pues si lo adquiriste con el sudor de tu frente, es porque Dios te dió, no solo la frente para sudar, sino también el sudor, el trabajo para que lo sudaras, el tiempo, la fuerza, y todo lo que tienes, así que el diezmo es solo devolver lo que es de Dios a Dios.

Ahora viene la pregunta ¿En qué proporción contribuyes a tu iglesia? ¿Solo das el cambio que tienes en tus bolsillos?  ¿Es eso un 10% de lo que tú ganas?

Los dejo con lo dicho en Deuteronomio 8: 18

 “Más bien acuérdate de Yavé, tu Dios, que te dió fuerzas para conseguir este bienestar, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus padres, como en este día sucede.”

 

Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, danos suficiente fuerza para saber tomar buenas decisiones con nuestro dinero y propiedades, y hacer lo debido con ellos, no solo entregar el diezmo sino también auxiliar a nuestros enfermos, hambrientos y a todos los que necesiten de una limosna.


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