Posteado por: lpadillakeen | 14 abril, 2010

REFLEXIONES DE HOY

Evangelio según San Juan 3,16-21.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.  Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.  En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.  En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios”.

 

†La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz†

Jesús vino al mundo por tí y por mí ¿rechazamos la luz? 

La única razón por la cual estamos aquí es para prepararnos para entrar a la luz, caminamos hacia la luz todos los días de nuestras vidas.  No sabemos lo largo del camino, puede terminar hoy, mañana, dentro de una semana, un mes, años…pero lo que sí sabemos es que va a terminar.  Entonces… ¿Por qué rechazamos la luz?  ¿Por qué nos olvidamos de la luz? 

Todos necesitamos luz, cuando manejamos de noche, tenemos luces en las calles, en los carros, en las casas.  Cuando alguien hace algo positivo por nosotros, definitivamente vemos una luz, el mundo es más claro, vemos mejor.  Nosotros somos a veces la luz que guía, pero para ser esta luz tenemos que estar bajo la luz, tenemos que tener la luz dentro de nosotros, para que así emane de nosotros y podamos ser guías, como un faro para los buques, como el Cirio Pascual para nosotros, como un semáforo en tráfico, como el fuego de las olimpiadas.

Jesús es nuestra luz, el murió y resucitó por nosotros, ¿Qué más queremos? Dios mismo hecho hombre nos regaló la luz, hagamos uso de esta luz, caminemos hacia la luz, pongámonos bajo la luz, con Jesús dentro de nosotros, guiándonos y cuidándonos todos los días de nuestras vidas no tenemos por qué temer, pues Él nos guía.

Jesús ilumina nuestro camino hacia Tí, ayúdanos a voltear nuestras caras, nuestras vidas y dirigirlas hacia Ti, nuestra luz.


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