Posteado por: lpadillakeen | 11 mayo, 2010

Compartiendo La Buena Nueva

Evangelio según San Juan 16,5-11.  

Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’.  Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré.  Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.  El pecado está en no haber creído en mí.  La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.  Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

Jesús se preparaba para su pasión y muerte, consolaba a sus tristes apóstoles.  Les prometió que cuando el subiera a Padre, el Espíritu sería mandado para dar consuelo y darles poder.  Juan usó un lenguaje legal para describir el ‘trabajo’ del Espíritu.  El Espíritu trabajará como “defensor” de aquellos que sean acusados falsamente, y “enjuiciará” a los que se nieguen a creer en Jesús.  En los ojos del mundo, Jesús fué juzgado, lo consiguieron culpable, y lo sentenciaron a muerte en infamia.  Pero el Espíritu probó al mundo que estaban incorrectos, y que la sentencia fue revocada. El que gobierna las tinieblas fué al que juzgaron, consiguieron culpable y sentenciaron.  La verdad triunfo y la justicia prevaleció.

Esto me lleva a una pregunta ¿defiendo a otros cuando son acusados falsamente?  ¡Que fácil es el no hacerlo!  A mi mente vienen muchas cosas que pasan por nuestras vidas y que merecen defensa: el aborto, el maltrato de niños y personas de edad avanzada, indigentes, los que están en la cárcel, los que tienen hambre… y muchos otros más.

He oído muchas veces decir, ‘no lo hago pues no puedo cambiar al mundo’, pero nadie nos pide que cambiemos al mundo, solo que ayudemos a una persona, a la que sabemos que lo necesita.  Nadie nos pide que ‘busquemos’ al necesitado, pero sí que miremos a nuestro alrededor y realmente veamos las necesidades del prójimo, del vecino, al cual Jesús nos pidió que amaramos como nos amamos a nosotros mismos. 

Ven Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu adorada esposa.  


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