Posteado por: lpadillakeen | 14 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 15,9-17.

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.  Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.  Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.  Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.  Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.  No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.  Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

“No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.”  El llamado de Jesús es uno al cual no podemos dejar de aceptar.  Él nos llama a cada uno de nosotros, de diferente manera, pero nos llama.  Hablo por experiencia, ya que el 5 de Junio es mi tan esperada comisión como Ministro Eclesial Laico de la Iglesia Católica.  Muchos de ustedes dirán ¿Y qué es eso?  Es la respuesta que muchos de nosotros, este año en la Diócesis de Orlando el número es: 11.  Somos mujeres y hombres los cuales hemos respondido al llamado que Jesús nos hizo para ayudar a propagar su Buena Nueva.

Cada uno de nosotros lo hace de diferente manera, unos están empleados por la Iglesia y otros lo hacemos como voluntarios.  Somos los que preparamos las liturgias, los niños y los adultos para los sacramentos, asistimos al pastor en lo que sea necesario, cuando una familia está en problemas, cuando han perdido un familiar, estamos encargados de los ministerios de los Hispanos, Filipinos, Haitianos, etc., cantamos en el coro, llevamos la comunión a los enfermos, leemos en la Misa, ayudamos con la Eucaristía, somos acólitos, asistimos repartiendo comida, etc., en fin, estamos ‘presentes’ en nuestras parroquias de una manera que otros no lo están, nos envolvemos en la comunidad en la cual vivimos.

Es un llamado especial, el cual sentimos muy adentro, no podemos ignorarlo, nos llena de tal manera que queremos gritarlo para que todos se enteren.  Cuando Jesús te llama de esta manera nos está destinando para que vayamos y demos fruto, y para que este fruto sea duradero.

A mis diez compañeros, los cuales hemos estado juntos por tres años, les deseo todo lo mejor del mundo, nuestro llamado es especial, y ahora con más razón debemos proclamar la Buena Nueva de Jesús con mucha más fuerza y más valor.

Jesús, tu nos enseñaste que si pedimos a Dios algo en tu nombre nos será concedido.  Te pido humildemente que a través de tu Espíritu Santo nos acojas en tu seno y nos guíes para que en los años a venir seamos ejemplo para otros y que el fruto de nuestro ministerio sea duradero.


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