Posteado por: lpadillakeen | 20 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 17,20-26.

No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.  Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.  Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.  Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.  Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.  Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.

Cuando los cristianos oran juntos, parece más cercana la meta de la unidad. La larga historia de los cristianos marcada por múltiples fragmentaciones parece construirse de nuevo tendiendo hacia la fuente de su unidad que es Jesucristo. « ¡Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre!» (Hb 13,8). Cristo está realmente presente en la comunión de la oración; él ora «en nosotros», «con nosotros» y «por nosotros». Es él quien guía nuestra oración en el Espíritu Consolador que prometió y dio a la Iglesia en el Cenáculo de Jerusalén, cuando la constituyó en su unidad original.  Sobre el camino ecuménico de la unidad, la oración común es, ciertamente, la que tiene la prioridad, la unión orante de los que se reúnen alrededor del mismo Cristo. Si, a pesar de sus divisiones, saben cada vez más unirse en una oración común en torno a Cristo, es entonces que se desarrollará la conciencia de los límites de lo que les divide comparado con lo que les une. Si se encuentran cada vez más a menudo, más asiduamente delante de Cristo en la oración, podrán ser valientes para enfrentarse a toda la dolorosa y humana realidad de las divisiones, y se reencontrarán juntos en la comunidad de la Iglesia que Cristo forma sin cesar en el Espíritu Santo, a pesar de todas las debilidades y de todos los límites humanos. Juan Pablo II  Encíclica « Ut unum sint » § 22

Buscamos el ser uno con Cristo, con el Padre y con el Espíritu Santo, por las palabras de Juan Pablo II sabemos que el ora ‘en nosotros’, ‘con nosotros’ y ‘por nosotros’. ¡Y nosotros creemos que rezamos solos!  Él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, solo tenemos que acudir a Él y pedirlo de corazón.  Orar es necesario, es nuestra manera de comunicarnos con Él. 

El evangelio de hoy es una oración muy bella, del Hijo al Padre, por nosotros.  Somos su única preocupación, y como hermano nuestro, ora por nosotros.  Si un miembro de tu familia está pasando por algo difícil, no tiene que pedirnos que oremos por ell o ella, lo hacemos sin duda, con amor, con fuerza y a menudo.  Es así que Jesús ora por nosotros, es así que el Padre recibe las oraciones y vela por nosotros, y es así que el Espíritu Santo que mora en nosotros es el que guía nuestra oración.

Ven, Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima esposa.


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