Posteado por: lpadillakeen | 5 octubre, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Carta II de San Pablo a los Corintios 5,17-21.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.  Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.  Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación.  Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.  A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

¿No les ha pasado eso a ustedes alguna vez?  Se encuentran con alguien que no han visto en algún tiempo y esa persona ha cambiado…pero no pueden en realidad decir cómo ha cambiado, pero saben que está diferente.  ¡Ja! Y además no nos atrevemos a pensar que quizás es porque está viviendo una vida en Cristo y es una nueva criatura.  Eso es lo que sucede cuando una verdadera conversión ha ocurrido en nosotros.

Pero hablemos de conversión: significa cambio, un cambio de una cosa a otra, transformación, alteración, o sea, que hemos marcado un punto en nuestras vidas en lo que podemos decir, ‘yo he cambiado, me he transformado’.  Aunque no es tan obvio, especialmente para la persona a la cual le está pasando, ya que, el cambio es sutil, despacio y no lo percibimos hasta que un día nos damos cuenta de que estamos actuando diferente, tomando decisiones basadas en otras alternativas, que ya la ley que nos regía ayer, no es la misma de hoy; que hoy en día nos guía Jesús, que tomamos decisiones basadas en su Palabra, no basadas en lo que el mundo nos dice y demanda.

Si todo esto nos lleva entonces a “ser embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro”, cuando tomando buenas decisiones y dando buen ejemplo llamamos la atención, ¿no es esto maravilloso?  Estamos evangelizando, o sea que somos “sembradores de su semilla” y dispersadores de su Buena Nueva.

Así que si estás leyendo esto y estas temeroso de entregarte a una conversión, si Dios te está llamando, está tocando tu puerta…ábresela, contéstale, no temas, que es un camino lindo, lleno de gratitud, de altos y bajos como cualquier otro camino, pero con una certeza de que Él no te abandona y que siempre te ayuda.

Hoy oramos por todos aquellos que no han sentido la profunda conversión que requiere el conocer a Cristo Jesús, te pedimos Dios Padre que continúes tocando su puerta, llamándolos, insistiendo, y que les des la oportunidad de contestar tu llamado.

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