Posteado por: lpadillakeen | 27 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Marcos 10,46-52.

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo-Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.  Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”.  Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”.  Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Animo, levántate! El te llama”.  Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.  Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”.  Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

“Maestro, que yo pueda ver”…Todos queremos ‘ver’, pero ¿cuántos estamos preparados para ver?

Es como cuando estábamos pequeños y no nos dejaban ver algo, no podíamos esperar a llegar a la edad en que nos dejaran verlo, y cuando el momento llegó y vimos, algunas veces nos gustaba lo que veíamos y otras…bueno ni tanto, no nos llamó la atención tanto como lo esperábamos.  Es así que yo veo como le pedimos al Maestro, ¡que yo pueda ver mi Señor!, sin en realidad saber si nos va a gustar lo que Él nos va enseñar o no.

Queremos ser parte del equipo apostólico, pastoral, de la iglesia, pero queremos hacerlo solamente con aquellos que nos siguen, que nos imitan y que nos hacen la vida más fácil.  Al conseguir una persona que nos hace la vida un poco difícil, ya no queremos ‘ver’ a esa persona más, es criticada, es puesta a un lado, algunas veces llegamos hasta los extremos y con nuestras palabras y acciones tratamos de hacerle la vida imposible hasta llegar a humillar de tal manera que no tienen otra alternativa que cambiar de parroquia. 

El ejemplo de este evangelio es muy claro, pues la descripción lo dice todo, es un ciego: ‘no ve’, ¡pero si vió y supo que era Jesús el que le estaba pasando cerca!  ¿Cuántas veces hemos puesto a un lado, ignorado a una persona porque no ve? Pero no hablo de ver colores, sino de ‘ver’ la realidad como la vemos nosotros y quizás somos nosotros los que no vemos, ya que Jesús vió a la persona que era Bartimeo, vió su fe, ya que Él puede ver dentro de nosotros, y en seguida Bartimeo comenzó a ver y lo siguió por el camino. ¿Seguimos a Jesús en SU camino o hacemos nuestro propio camino sin ‘ver’, ignorando la manera que otro ‘ve’? 

Esta situación es muy común en parroquias, en todo el mundo, no en una sola, es muy triste pues las personas no llegan a ‘ver’ nunca la realidad de la otra y a veces causan tanto daño, que maltratan la fe del individuo.  Debemos abrir los ojos de nuestra alma para ver la realidad de las otras personas, cada quien tiene sus motivos para actuar de la manera que lo hacen, y si tomamos un poco de nuestro tiempo para orar por ellos, y para tratar de entenderlos, no solo mejoramos el ambiente de nuestras parroquias, sino que ayudamos a la otra persona, sino a nosotros mismos, a ver la realidad, pues nadie tiene la verdad 100% sino Jesús.

Dejemos las nimiedades a un lado, si no me paro en el lugar donde debo cuando soy Ministro de la Sagrada Comunión, si no leo la pagina correctamente cuando soy Lector, si hoy no voy vestido de la manera que otros creen debo vestir, si hablo un poco más de lo que debo, si… etc., etc., ábreme tus brazos, acógeme en ellos, ve mi realidad, ayúdame orando por mi y suavemente llévame a ver mi error, pero no hables de mí, no me apartes de la iglesia, no me humilles…¡ve mi realidad!

Jesús, abre los ojos de mi alma para ver la ‘realidad’ de los que están a mi alrededor, guía mis pasos como miembro de tu iglesia, para que yo sea ejemplo de tu amor y tu Buena Nueva, te lo pido a través de tu Madre que desde un comienzo vió tu realidad y la aceptó humildemente. Amén.

Anuncios
Posteado por: lpadillakeen | 20 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 17,20-26.

No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.  Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.  Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.  Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.  Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.  Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.

Cuando los cristianos oran juntos, parece más cercana la meta de la unidad. La larga historia de los cristianos marcada por múltiples fragmentaciones parece construirse de nuevo tendiendo hacia la fuente de su unidad que es Jesucristo. « ¡Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre!» (Hb 13,8). Cristo está realmente presente en la comunión de la oración; él ora «en nosotros», «con nosotros» y «por nosotros». Es él quien guía nuestra oración en el Espíritu Consolador que prometió y dio a la Iglesia en el Cenáculo de Jerusalén, cuando la constituyó en su unidad original.  Sobre el camino ecuménico de la unidad, la oración común es, ciertamente, la que tiene la prioridad, la unión orante de los que se reúnen alrededor del mismo Cristo. Si, a pesar de sus divisiones, saben cada vez más unirse en una oración común en torno a Cristo, es entonces que se desarrollará la conciencia de los límites de lo que les divide comparado con lo que les une. Si se encuentran cada vez más a menudo, más asiduamente delante de Cristo en la oración, podrán ser valientes para enfrentarse a toda la dolorosa y humana realidad de las divisiones, y se reencontrarán juntos en la comunidad de la Iglesia que Cristo forma sin cesar en el Espíritu Santo, a pesar de todas las debilidades y de todos los límites humanos. Juan Pablo II  Encíclica « Ut unum sint » § 22

Buscamos el ser uno con Cristo, con el Padre y con el Espíritu Santo, por las palabras de Juan Pablo II sabemos que el ora ‘en nosotros’, ‘con nosotros’ y ‘por nosotros’. ¡Y nosotros creemos que rezamos solos!  Él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, solo tenemos que acudir a Él y pedirlo de corazón.  Orar es necesario, es nuestra manera de comunicarnos con Él. 

El evangelio de hoy es una oración muy bella, del Hijo al Padre, por nosotros.  Somos su única preocupación, y como hermano nuestro, ora por nosotros.  Si un miembro de tu familia está pasando por algo difícil, no tiene que pedirnos que oremos por ell o ella, lo hacemos sin duda, con amor, con fuerza y a menudo.  Es así que Jesús ora por nosotros, es así que el Padre recibe las oraciones y vela por nosotros, y es así que el Espíritu Santo que mora en nosotros es el que guía nuestra oración.

Ven, Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima esposa.

Posteado por: lpadillakeen | 19 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 17,11-19.

Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.  Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.  Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.  Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.  Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.  Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.  Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.

“Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.  …No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”

Complicado este mensaje… pero yo lo miro de esta manera, desde que nacimos, ya Jesús en sus palabras hoy nos dejó saber que no somos de este mundo, o sea que este mundo donde nacimos es pasajero, y nuestra única labor es el llegar a ser uno con ‘ellos’.  Cada uno de nosotros lo consigue de una manera diferente, unos a través de posiciones altas, ejecutivas, del gobierno, otros enseñando a niños tal sea en una escuela o en una iglesia, bueno, en fin, variedad de trabajos, variedad de dones, pero todos tenemos algo, pero es con este ‘algo’ que Dios nos dio: ”nos eligió antes de que creara el mundo” (Efesios 1: 4), que tenemos que llegar a ser uno con ‘ellos’.

Entonces ¿por qué temer? Si de verdad somos Cristianos, Católicos y entendemos su mensaje, no hay por qué temer, no digo que no estemos un poco inquietos con la posibilidad de la muerte inminente, ya que en realidad no podemos palpar la realidad que nos espera, pero el Padre nos creó antes de crear al mundo, ya Él nos conocía, luego Jesús vino nos redimió y nos encomendó a su Padre para que nos cuidara, y nos hiciera uno con ‘ellos’.  Ellos nos esperan, ellos nos cuidan, ellos nos aman tanto que están con nosotros en la manera de la Tercera Persona de la Trinidad: El Espíritu Santo, el cual vive en nosotros, nos guía, nos protege, nos auxilia, y nos hace uno con ‘ellos’.

“Todos los descendientes de la raza de Adán pecador, pertenecen a este mundo; todos los que han sido regenerados en Cristo pertenecen a su Reino y ya no son de este mundo. «Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido» (Col 1,13).” San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia  Sermón sobre el evangelio de san Juan, nº 115

Esa es la promesa… y Dios no promete algo que Él no pueda darnos.

Ven, Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima esposa.

Posteado por: lpadillakeen | 18 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 17,1-11.

Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: “Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.  Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.  Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.  Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.  Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.  Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.  Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.  Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.  Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

“¡Si sólo yo poseyera la gracia, buen Jesús, para ser totalmente uno contigo! En medio de toda la variedad de cosas del mundo a mí alrededor, Señor, lo único que anhelo es la unidad contigo. Tú eres todo lo que mi alma necesita.  Une, querido amigo de mi corazón, mi inigualable alma a tu bondad perfecta. Tú eres todo mío, y ¿cuando voy a ser tuyo? Señor Jesús, mi amado, se el imán de mi corazón; el broche, la prensa, úneme para siempre con tu sagrado corazón. Tú me has hecho para ti; conviérteme en uno contigo.  Absorbe esta pequeña gota de vida en el océano de la bondad de donde vino.” (Oración de San Francisco de Sales, 1567-1622)

Ven Espíritu Santo, danos la gracia que necesitamos para perseverar en nuestro camino hacia ti, para ser totalmente uno contigo.

Posteado por: lpadillakeen | 17 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Salmo 68(67) ,2-3.4-5.6-7.

¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan y sus adversarios huyen delante de él.  Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecen los impíos delante del Señor.  Pero los justos se regocijan, gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría.

¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre!

¡Ábranle paso al que cabalga sobre las nubes! Su Nombre es “el Señor”: ¡griten de alegría en su presencia!  El Señor en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas: él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos, mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado.

Cuando leí esto esta mañana, solo pude pensar en ‘sus enemigos se dispersan’, ya que luego de oír las noticias ayer de la multitud de personas que se congregaron en la Plaza del Vaticano para darle soporte al Papa, no hay otra cosa que pensar que ¡el Señor se alza, sus enemigos se dispersan y sus adversarios huyen!  Es verdad que Él los disipa como el humo y, así desaparecen los impíos delante del Señor.  Pero los justos se regocijan, gritan de gozo.

Cierto que hay mucho a lo que hacer frente, ya que como iglesia hemos cometido pecados, pero la iglesia sigue fuerte, sigue adelante, sigue protegiendo al inocente, al necesitado, y sigue proclamando la Buena Nueva que Jesús nos trajo.

Señor, a través de tu Madre María, te pedimos que continúes dando apoyo a nuestro Santo Padre Benedicto, para que tenga fuerza suficiente para soportar el peso de su posición como cabeza de esta tu iglesia.

Posteado por: lpadillakeen | 14 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 15,9-17.

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.  Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.  Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.  Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.  Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.  No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.  Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

“No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.”  El llamado de Jesús es uno al cual no podemos dejar de aceptar.  Él nos llama a cada uno de nosotros, de diferente manera, pero nos llama.  Hablo por experiencia, ya que el 5 de Junio es mi tan esperada comisión como Ministro Eclesial Laico de la Iglesia Católica.  Muchos de ustedes dirán ¿Y qué es eso?  Es la respuesta que muchos de nosotros, este año en la Diócesis de Orlando el número es: 11.  Somos mujeres y hombres los cuales hemos respondido al llamado que Jesús nos hizo para ayudar a propagar su Buena Nueva.

Cada uno de nosotros lo hace de diferente manera, unos están empleados por la Iglesia y otros lo hacemos como voluntarios.  Somos los que preparamos las liturgias, los niños y los adultos para los sacramentos, asistimos al pastor en lo que sea necesario, cuando una familia está en problemas, cuando han perdido un familiar, estamos encargados de los ministerios de los Hispanos, Filipinos, Haitianos, etc., cantamos en el coro, llevamos la comunión a los enfermos, leemos en la Misa, ayudamos con la Eucaristía, somos acólitos, asistimos repartiendo comida, etc., en fin, estamos ‘presentes’ en nuestras parroquias de una manera que otros no lo están, nos envolvemos en la comunidad en la cual vivimos.

Es un llamado especial, el cual sentimos muy adentro, no podemos ignorarlo, nos llena de tal manera que queremos gritarlo para que todos se enteren.  Cuando Jesús te llama de esta manera nos está destinando para que vayamos y demos fruto, y para que este fruto sea duradero.

A mis diez compañeros, los cuales hemos estado juntos por tres años, les deseo todo lo mejor del mundo, nuestro llamado es especial, y ahora con más razón debemos proclamar la Buena Nueva de Jesús con mucha más fuerza y más valor.

Jesús, tu nos enseñaste que si pedimos a Dios algo en tu nombre nos será concedido.  Te pido humildemente que a través de tu Espíritu Santo nos acojas en tu seno y nos guíes para que en los años a venir seamos ejemplo para otros y que el fruto de nuestro ministerio sea duradero.

Posteado por: lpadillakeen | 12 mayo, 2010

COMPARTIENDO LA BUENA NUEVA

Evangelio según San Juan 16,12-15.

Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.  Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.  El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.  Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.

Busquemos siempre la sabiduría de nuestra Iglesia, ella que por miles de años es la única que ha conservado, desde un comienzo, la intacta Buena Nueva que Jesús vino a darnos, de ella emana toda la información que necesitamos, y es por eso que debemos todos tener una copia del Catecismo, y es allí que nos habla del Espíritu Santo de esta manera:

Catecismo de la Iglesia Católica

  • PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
    • SEGUNDA SECCIÓN: LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
      • CAPÍTULO TERCERO CREO EN EL ESPÍRITU SANTO
        • Artículo 8 “CREO EN EL ESPÍRITU SANTO”

Artículo 8 “CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

687 “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que “habló por los profetas” nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos “desvela” a Cristo “no habla de sí mismo” (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué “el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce”, mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).

688 La Iglesia, Comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:

– en las Escrituras que Él ha inspirado:

– en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;

– en el Magisterio de la Iglesia, al que Él asiste;

– en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en Comunión con Cristo;

– en la oración en la cual Él intercede por nosotros;

– en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;

– en los signos de vida apostólica y misionera;

– en el testimonio de los santos, donde Él manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.

Habiendo leído esto, reflexionamos un poco acerca del Espíritu que estamos preparándonos para recibir en unas semanas. San Juan nos habla del Espíritu que nos abre el entendimiento, y nos hace entender lo que no podían los apóstoles entender mientras Jesús estaba con ellos. 

El catecismo nos da una interpretación perfecta, en una parte nos dice que el Espíritu Santo está en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos en donde Él nos pone en Comunión con Cristo, así que la próxima vez que asistan a una Misa, liturgia dominical, pongan atención a cada símbolo, cada palabra, por ejemplo: nos hacemos la señal de la Cruz, las manos, arrodillarse, agua bendita, incienso, pan y vino, lino, etc., estos son unos de muchos símbolos que les puedo mencionar.  Así que  cuando hagamos la señal de la Cruz, recordemos lo Romano Guardini nos dice en su libro Símbolos Sagrados: “En lugar de un pequeño gesto apretado que no da ninguna noción de su sentido, vamos a hacer un signo sin gran prisa, de la frente hasta el pecho, de hombro a hombro, sintiendo coscientemente como incluye la totalidad de nosotros, nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestro cuerpo y nuestra alma, cada parte de nosotros a la vez nos consagra y nos santifica”.  Es solo así,  que invitamos debidamente al Espíritu Santo, con reverencia, con amor, con humildad, con respeto, tomando suficiente tiempo para comprender y apreciar cada paso de este símbolo tan bello que poseemos.

Los otros símbolos los comentaremos en las próximas reflexiones, cada día, los invito a que den su propia opinión de estos símbolos y como los afectan, como los ayudan y cuál es el significado de ellos en su vida espiritual.

Ven Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu adorada esposa. 

Posteado por: lpadillakeen | 11 mayo, 2010

Compartiendo La Buena Nueva

Evangelio según San Juan 16,5-11.  

Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’.  Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré.  Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.  El pecado está en no haber creído en mí.  La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.  Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.

Jesús se preparaba para su pasión y muerte, consolaba a sus tristes apóstoles.  Les prometió que cuando el subiera a Padre, el Espíritu sería mandado para dar consuelo y darles poder.  Juan usó un lenguaje legal para describir el ‘trabajo’ del Espíritu.  El Espíritu trabajará como “defensor” de aquellos que sean acusados falsamente, y “enjuiciará” a los que se nieguen a creer en Jesús.  En los ojos del mundo, Jesús fué juzgado, lo consiguieron culpable, y lo sentenciaron a muerte en infamia.  Pero el Espíritu probó al mundo que estaban incorrectos, y que la sentencia fue revocada. El que gobierna las tinieblas fué al que juzgaron, consiguieron culpable y sentenciaron.  La verdad triunfo y la justicia prevaleció.

Esto me lleva a una pregunta ¿defiendo a otros cuando son acusados falsamente?  ¡Que fácil es el no hacerlo!  A mi mente vienen muchas cosas que pasan por nuestras vidas y que merecen defensa: el aborto, el maltrato de niños y personas de edad avanzada, indigentes, los que están en la cárcel, los que tienen hambre… y muchos otros más.

He oído muchas veces decir, ‘no lo hago pues no puedo cambiar al mundo’, pero nadie nos pide que cambiemos al mundo, solo que ayudemos a una persona, a la que sabemos que lo necesita.  Nadie nos pide que ‘busquemos’ al necesitado, pero sí que miremos a nuestro alrededor y realmente veamos las necesidades del prójimo, del vecino, al cual Jesús nos pidió que amaramos como nos amamos a nosotros mismos. 

Ven Espíritu Santo, ven a través de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu adorada esposa.  

Posteado por: lpadillakeen | 10 mayo, 2010

Compartiendo la Buena Nueva del Señor

Libro de los Hechos de los Apóstoles 16,11-15.

Nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis.  De allí fuimos a Filipos, ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos algunos días en esta ciudad, y el sábado nos dirigimos a las afueras de la misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde se acostumbraba a hacer oración. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se habían reunido allí.  Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara las palabras de Pablo.  Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: “Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa”; y nos obligó a hacerlo.

No sé por qué pero me llamó la atención eso de que Lidia fuera negociante en púrpura y lo investigué.  La tela púrpura en los tiempos de Jesús era muy valiosa y solo aquellos con dinero y posición podían obtener la tela o la ropa hecha con esta tela.  Es por esto que le es posible invitarlos a alojarse en su casa, ya que es una mujer con dinero y posesiones, y conoce a los ricos y poderosos, deducción que hago ya que debía tener dinero suficiente para poder comprar la mercancía y poder venderla, en esos tiempos cosa muy difícil para un individuo e imposible para una mujer. 

Eran varios ya que Pablo había recogido a Timoteo en Derbe, en otras traducciones nos dicen que ‘a un lugar que estaba a orillas del rio, donde era de suponer que los judíos se reunían a orar’, normalmente, me imagino, que earn unos cuantos que se reunian a orar, así que yo veo unos cuantos más y es así que podemos contar por lo menos más de seis como mínimo, ya que nos dicen que su familia estaba allí.   Tambien debemos tomar en cuenta quien era Pablo para ellos antes de que fuera su predicador, un perseguidor de cristianos con fama de ser muy severo en sus acciones.

Ella adoraba a Dios… y ahora adora a Jesús y su entusiasmo era tal que los invita a su casa, incluyendo a Pablo.  ¿Cómo es nuestro entusiasmo?  ¿Es nuestro entusiasmo tal que queremos que otros se convenzan de nuestra conversión? O ¿estamos tan cerrados al Espíritu que ni pensamos en ello?

Tenemos que dejar ver nuestro entusiasmo por el Señor, invitar a otros, orar con otros, para que así podamos proclamar la Buena Nueva de Jesucristo, no solo en palabras sino en acciones, como Lidia, que de inmediato abrió su hogar a otros con tanta insistencia que se sintieron obligados.

Jesús, nuestro hermano y guía, dirige nuestras acciones, para que así podamos abrir nuestros corazones y nuestros hogares como sitios de oración y de proclamación de tu Buena Nueva.

Posteado por: lpadillakeen | 7 mayo, 2010

REFLEXIONES DE HOY

Evangelio según San Juan 15,12-17.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.  No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.  Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.  No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

“No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”

Esta semana ha sido una semana dura, ya que he estado al lado de una familia que perdió un hijo de 20 años, violentamente de un tiro, por otro joven de 19 años.  Al final de una pequeña vigilia que hicimos anoche, me sentí elegida, me sentí protegida por Dios, me sentí increíblemente triste por esa familia, en otras palabras, mis sentimientos eran variados y muchos.

El ejemplo que dió esa madre fue increíble, la entereza, la entrega a Dios, que solo se consigue en las personas de mucha fe, que tienen una relación diaria con Jesús, fue una lección para todos los que estábamos presentes, especialmente para mi, ya que Dios me puso en este lugar, en este momento para ayudar a esta familia, Él me eligió y anoche le respondí. 

Dios Padre, continúa ayudando a esta familia durante estos momentos de dolor por los que están pasando, manda a tu Espíritu Santo para que les traiga paz, sosiego, amor, tranquilidad y valor para que unidos en familia continúen en este camino de dolor, esto te lo pedimos en nombre de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

« Newer Posts - Older Posts »

Categorías